JIMMY MOLINA

Jimmy Molina (Asturias, 1978) es un artista multidisciplinar afincado en Valencia (España). Pintor ilustrador, diseñador gráfico, tatuador e instructor de muay thai (boxeo tailandés), desde una edad temprana comenzó a familiarizarse con el mundo del arte ayudando a su madre, la pintora Xana Suárez, a terminar los fondos y algunos detalles de sus obras, lo que supondría una tarea enormemente instructiva que agradecerá, años más tarde, firmando sus propias obras con el pseudónimo Xana78.

De formación, pues, prácticamente autodidacta, pronto abandona los corsés de la pintura académica/comercial para elaborar un discurso propio que le sirva como reflejo de sus preocupaciones. Temas como la conciencia obrera, el análisis crítico de los nacionalismos, de los grandes símbolos de la cultura y la política contemporáneas o la reflexión sobre las señas identitarias son cuestionados, mezclados y agitados mediante hibridaciones conceptuales, sorprendentes combinaciones, mucha ironía y una proporción variable de mala leche.

Su producción artística-desde sus pinturas hasta su obra gráfica pasando por sus diseños para ropa y escultura cerámica realiza un juego de piernas que baila hábilmente entre el retrato clásico, el street art, el tato y la estética kitsch, reivindicando además el uso de la escritura del graffiti como caligrafía. Todo ello se traduce en unas obras de gran potencia visual, de provocadoras -y múltiples- lecturas, no siempre aptas para todos los públicos.

Su producción artistica- desde sus pinturas hasta su obra gráfica pasando por sus diseños para ropa y escultura cerámica- realiza un juego de piernas que baila hábilmente entre el retrato clásico, el street art, el tatoo y la estética kitsch, reivindicando además el uso de la escritura del graffiti como caligrafía. Todo ello se traduce en unas obras de gran potencia visual, de provocadoras -y múltiples- lecturas, no siempre aptas para todos los públicos.

Jimmy reparte golpes bajos a diestro y siniestro mediante el uso combinado de referentes y símbolos fuertemente arraigados -religiosos, económicos, ideológicos, identitarios- con la firme intención de remover las conciencias, de fomentar el espíritu crítico en el espectador. Un espectador al que -lejos de menospreciar- concede el 50% de la creación de la obra mediante la elaboración conjunta de los posibles significados, coincidan éstos o no con los postulados del artista.

Lo importante, en definitiva es esa parte. Esa conversación propiciada por la mirada crítica y la reflexión compartida de la que acabar extrayendo una sonrisa o escocerse en las heridas. Dar y recibir. Como en el muay thai.


Puedes ver el paso de Jimmy por Cultur3 Club en el siguiente enlace