JOSE RAMON LOZANO

La primera impresión que producen los grandes cuadros de Jose Ramon Lozano es de estupor, de miedo… sus retratos, de enorme fuerza pictórica, asustan. La sangre está presente en casi todos ellos como gran protagonista. Es como si sus personajes hubieran escapado un instante antes de un terrible holocausto, como si fueran supervivientes de una apocalíptica hecatombe. Labios ensangrentados como los de los muertos vivientes que nos muestran las series televisivas. Ojos turbios orlados de rojo de mirada profunda e inquietante. En resumen, un canto al día después de la gran catástrofe.
Dice el artista que "quizá son la anticipación al futuro que nos espera y que no es precisamente sonriente". Pero mas allá de los significados de la obra, que tiene muchos y muy profundos, está su forma. "Sus cuadros -explica un crítico- rompen los límites entre la figuración y la abstracción al crear unos rostros nacidos a partir de la cuidada composición formal. La representación de sus pinturas hace referencia a la interacción entre cuerpo y alma, que considera inherente al ser humano.
Lo corporal y lo espiritual, la aflicción y el gozo, lo íntimo, lo salvaje se encuentra contenido en el trabajo de este artista. Tras cada actitud, cada mirada, hay una historia, una concatenación de sentimientos que conducen, en muchos casos, a una insinuada violencia. Genera una turbia dependencia con sus obras, y establece un poderoso vínculo con el público".
Al pintor le gustan los formatos grandes porque en ellos puede expresarse con total libertad. Una libertad que emplea para derramar manchas de color que enlazan con la mejor tradición abstracta, enérgicas pinceladas que contienen toda la fuerza del gesto espontáneo y un exquisito dibujo que permanece latente en todos sus cuadros.
"Todo mi trabajo -comenta el pintor- surge de fotografías que yo mismo realizo y que me sirven como base para llevar a cabo la obra pictórica. Desde el principio busco crear imágenes llenas de fuerza e intensidad a través de la composición, el color y la pincelada. Lo figurativo y lo abstracto se unen consiguiendo figuras expresivas en su inexpresividad en ambientes abstractos, neutros, que denotan ambigüedad. Intento que los rostros generen emociones a partir de la inexpresividad de la mirada, una mirada que se encuentra con el espectador consiguiendo que interactúen ambos en el espacio expositivo. Esto se consigue en parte por el gran formato de los cuadros".

No hay duda de que los espectadores de "Inhaerens", que así ha titulado José Ramón Lozano a su última exposición en León, recordarán por mucho tiempo las terribles imágenes, pero también les dejará huella el brillante trabajo pictórico de un artista que a pesar de su juventud camina con pasos seguros por el complicado universo de la pintura.

Marcelino Cuevas - León 02/02/2015


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