PIN VEGA

Cuando era apenas un niño, a modo de bautizo o bien como presagio de la experiencia artística que iba a experimentar siendo adulto, Pin Vega decidió sumergirse en las profundas aguas del embalse del Guadalmellato, en la provincia de Córdoba, para tratar de desentrañar el misterio de unas extrañas formaciones minerales que desde la orilla se introducían en el agua, sometidas por el carácter férreo de una veta mineral.

Años después de su baño iniciático, Pin Vega se sumergió de nuevo, esta vez en las no menos procelosas aguas del mundo académico. Obtuvo como resultado excelentes calificaciones en la Licenciatura de la Facultad de Bellas Artes de Madrid, completada en cuatro intensivos años de los cinco de los que consta la carrera, justificándose, tal vez, ésta premura por su ansia de independencia dentro del panorama artístico.

En la universidad, además de licenciarse en la especialidad de pintura (1992), estudió fotografía con Cristina García Rodero y Matilde Muzquiz, así como audiovisuales y tres años de la especialidad de escultura. Ya en el año 1990, al sentirse preparado técnica y mentalmente, decidió introducir en su obra parte del lenguaje artístico que hoy en día le ocupa y al que se encuentra irrevocablemente entregado. Posteriormente él mismo se dedicó también a la docencia durante un corto periodo de tiempo, atrayéndole especialmente la expansiva creatividad de los niños.

Poco después expuso su obra pictórica en diferentes ciudades de Alemania durante tres años consecutivos, enamorando con su paleta cromática y los acabados aterciopelados de las obras de aquella etapa al exigente público alemán. Frutos de éste periodo son la galería que lleva su nombre en la ciudad alemana de Bielefeld (“Galerie PIN”), así como la adquisición de obra por particulares e instituciones.

Su proceso de trabajo es sumamente complejo y personal: tras acondicionar su estudio a las necesidades técnicas de cada obra, fabrica él mismo los soportes que mejor se adaptan a las composiciones que desea realizar. Posteriormente construye diques que contienen la pintura; realiza moldes de silicona para reproducir diferentes motivos de su interés; vierte sobre el soporte litros de pintura fabricada artesanalmente por él mismo que se decantan según el peso específico de cada pigmento; crea vacíos que arrojan al abismo los materiales que han de desaparecer una vez cumplida su misión y arroja gotas de agua desde la altura, para suavizar las distintas tensiones compositivas de la obra. Su paleta de técnicas, tanto pictóricas como escultóricas, es interminable y está al servicio del objetivo perseguido. Sea como fuere, finalmente acontece lo que el artista decide, aunque dejando siempre la puerta abierta a lo imprevisto.

Por lo que respecta a los materiales empleados, muchos de los pigmentos específicos que selecciona para sus obras nos remiten a los procesos de obtención del color más ancestrales; pigmentos naturales y preferentemente de origen mineral, profundamente enraizados a la tierra donde se obtienen. En un principio sólo trabaja con colores esencialmente cálidos –amarillos, naranjas, tierras calcinadas de óxido de hierro, carmines y rojos de cadmio- y con acabados mates. Pero en su continua evolución optó también por incorporar junto con las calidades brillantes y satinadas, los azules más bellos –entre los que destacan esencialmente los azules de cobalto y cerúleo-, emulando así las superficies acuáticas, y, en la más absoluta actualidad, el verde como color de vida. Además de los pigmentos, encontramos en la obra de Pin Vega materiales tan dispares como las resinas, tanto de carácter natural como sintético, piedra pómez y mármol impalpables, grafitos, estaño plata y de forma muy excepcional el mercurio.

Mientras Pin Vega crea, entra en una suerte de estado de trance, comulgando con la Naturaleza en una intensa jornada de trabajo que finaliza sólo para volver a iniciarse cuantas veces sean necesarias, hasta dar por válido el resultado obtenido.

Su obra presenta un lenguaje reconocido por todos, siquiera de manera inconsciente: una percepción atemporal que atrapa al espectador. Como ocurre en la Naturaleza, todo depende de cómo se mire y de lo que se quiera ver, para que de la experiencia trascienda algo místico.

En los albores de la genialidad éste artista consigue una factura impecable. Nos sorprende con una interminable sucesión de volúmenes, líneas, y texturas creadas, aparentemente, por la acción de la Naturaleza: el viento, el agua y el fuego. De un modo poético podríamos decir que es un creador de la forma, interesado no tanto en la “materia pictórica” como en la materia en el sentido más amplio del término. Su eclecticismo vital conforma una obra que agita el intelecto e invita a aventurarse por lo desconocido, a través de elementos como el vacío y la oscuridad.

Toda su colección resulta sugerente, arrastrándonos a un estado de continua creación y destrucción, vida y muerte. Es una obra cargada de silencio, de latencias y de sentimientos ocultos. La obra de Pin Vega es primordialmente tiempo espacializado.

Christian Olíva-Vélez
Marchante de arte.

Puedes ver el paso de Pin Vega por Cultur3 Club en el siguiente enlace de Vimeo