TARSICIO

Recuerdo una niñez llena de historias y conversaciones, muchas conversaciones sobre arte. La pintura de la mano de mi madre y mi tío como escultor contribuyeron a que aquello dirigiese, de forma natural, mis pasos a donde estoy hoy en día. 
Visto con la perspectiva que te dan los años tengo claro que, aunque hubiese querido, no tenía escapatoria. Imagínate lo increíble que fue, siendo niño, el taller de escultura de mi tío. Era un lugar que me flipaba con todas aquellas herramientas y materiales, sonidos y olores que aún tengo presentes. No había un lugar mejor en el mundo.
Incluso mi hermano y yo nos escapábamos al río para para juntar todo el barro que podíamos y pasábamos la tarde entera haciendo esculturas, tratando de imitar aquello que veíamos.

Llegó la adolescencia y con ella las curvas. Buscarse un lugar en el mundo, primeros amores y desamores, todo lo que se supone que tienes que hacer a esa edad y en medio de aquella “batalla”, expresarme mediante la creatividad fue la mejor terapia para ordenar mi vida.
Fue pasando el tiempo y descubrí que se trataba de algo más, que existen cuestiones formales que es necesario investigar y esa búsqueda que nunca termina se ha convertido en una adicción, en algo sin lo que no podría vivir.

Puedes ver el paso de Alberto por Cultur3 Club en el siguiente enlace de Vimeo